lunes, 15 de octubre de 2007

EL MUERTO

EL MUERTO


Estaban festejando aquella tarde, la música alegre invitaba a bailar, el pueblo estaba reunido, los “importantes” del pueblo estaban sentados alrededor de una mesa con manteles blancos y flores. El almuerzo había empezado, todos tenían la copa de vino levantada para el brindis ¡ salud por nuestro pueblo! decía el alcalde, chocaban las copas, ¡salud por aquí, salud por allá!. Otro se levantó con aire ceremonioso y mirando graciosamente su copa de vino, le dijo: “Dulce néctar de la vida ¿Qué haces allí? ¡pasa adentro! De un solo sorbo, Mario bebió el vino, todos aplaudieron ¡bravo Mario! Así se hace - le decían – ja, ja, ja …
Aún el almuerzo no había terminado cuando se oyó la voz de su hermano llamándolo a gritos ¡Mariooo!, ¡Marioo…!. José llegó corriendo hasta él y le dijo: afuera te esperan dos hombres, dicen que son de la Embajada Norteamericana. Mario salió sorprendido, se acercó a ellos. Eran unos gringos cuyos rostros serios presagiaban malas noticias, ¿usted ser mister Mario Fuentes? le preguntaron. Sí, soy yo –contestó- ellos le saludaron estrechándole la mano; venimos a informarle que su hermano Raúl Fuentes ha caído combatiendo valerosamente contra los comunistas de VIETNAM. Aquí le traemos el pasaje y todo lo necesario para que usted viaje a New York y traiga los restos mortales de su hermano… Mario se tapaba los oídos , no quería escuchar más, le dolía en lo mas profundo de su ser y por su mente, como relámpagos, pasaban las imágenes de Raúl ( en los días previos a su partida) sonriendo falsamente para que sus viejos no sufran, quería convencerse a sí mismo de que era lo mejor para cambiar de vida y ayudar a su gente. Le habían dicho sus amigos que; si se mete al ejército de los Estados Unidos, sería ciudadano norteamericano. Así, en milésimas de segundos, pasaron los recuerdos.
Tres días después, en el mismo lugar, una triste capilla ardiente, entre deudos, amigos y curiosos, recibía al soldado héroe.
Después de la ceremonia de entrega, hecha por la gente de la embajada, éstos se fueron pero recomendaron a Mario y José que no abran la caja fúnebre porque habían echado sustancias químicas para conservar el cadáver. La gente miraba y cuchicheaba…
“Sí, dicen que lo han matado los vietnamitas pero que él también mató a un pueblo entero con bombas, dicen que chi,chi,chi…”
¡Mario! -le dice José- estos gringos creen que aquí también pueden darnos ordenes, pues ¡abriremos ese ataúd¡ para que nuestros viejos lo vean por última vez. Tienes razón –contestó Mario- entonces llevaré a todos al patio para que coman algo, ya vuelvo. Una vez juntos, sus manos ágiles hacían bailar los desarmadores, hasta que la tapa libre de pernos ya se podía levantar. ¡Uy ! ésta tapa es de acero -dice Mario- a la voz de tres sale- dice José ; uno ,dos ,tres y la tapa quedó fuera. Ellos miraron dentro y se quedaron mudos de dolor y rabia, en el cajón sólo había un tronco envuelto en trapos, cerraron la caja como impulsados por un rayo ¿Qué les diremos a los viejos? Ellos se miraron profundamente, con los ojos hicieron el pacto del silencio, luego como si fueran una sola persona dijeron en voz baja y con mucha rabia ¡malditos gringos de m…!
Y.

Mi corazòn te saluda ,mi razòn te respeta.

Amigos:

Para romper el hielo,voy a publicar un cuento pequeñito,que alguna vez esccribì.
Espero que les entretenga,se reciben comentarios,gracias.
igriega